04 julio, 2008

1972

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(Estoy seguro que con este recuerdazo lo hiperpelo al Papi)
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De las transmisiones de basketball allá a inicios de los setenta, rescato aquellas que realizaba Canal 4 con las campañas de los Cougars de la Universidad Brigham Young, Utah. De una extraordinaria camada de jugadores, acaso el más destacado -lo que ha hecho su nombre perdurar todos estos treinta y tantos años- era Krešimir Ćosić o, como diría el Dr. G., "Crésmir Chósics del equipo de los Cúgars de la Universidad de Brigammián". De acuerdo con Wikipedia, Ćosić nació en Zagreb, Croacia en 1948, de modo que cuando se efectuaban las transmisiones (1971 / 1972) sería un veinteañero. Lo que nunca supimos (o seguramente dejamos pasar) fue que Ćosić estuvo presente en cuatro Juegos Olímpicos (México 1968, Munich 1972, Montréal 1976 y Moscú 1980, cita en la que Yugoslavia se alzó con el oro) y que, al abandonar la práctica activa y tras una exitosa carrera de entrenador, trabajó en los Estados Unidos como agregado en la embajada yugoslava. Ćosić murió de linfoma a la tierna edad de cuarenta y siete años, en 1995.
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Hubiera sido bacán poder contactarlo ahora, digo, y tal vez contarle que tras cada transmisión, íbamos corriendo Alfredo, Chirrín, Mario, Miguelón y yo al Campo de la Policía o a una de las canchas del Pardo a echarnos unas canastas emulando al espigado Ćosić en un veintiuno (el nombre del juego se me ha escapado de la memoria) o en un ardoroso reloj.
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Por cierto, no dejo pasar a su compañero de equipo, el finlandés Kalevi Sarkalahti, quien con sus 2.01 m brilló, literalmente, en los Phoenix Suns.
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¡Qué tiempos, sobrino!
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29 junio, 2008

¡Tremendos Copionazos!

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De la página electrónica de "El Comercio", hoy 29 de Junio de 2008, con el detalle ampliado aquí abajo:
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Está bien que (1) la fama de mi cumpa haya traspasado fronteras, arribando hasta los propios confines del Yukon, mismo Sargento Preston, o que (2) "El Comercio" ande tan caín de titulares que ya no sepa qué copiar, pero esto de hurtarse el apodo acuñado por Jomiviur y endosárselo a un futbolista ya pasa de castaño oscuro.
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¡Me voy a quejar con el Pen Club, canejo!
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26 junio, 2008

Incunable

Y probablemente así quede, incunable y perdida, por toda la eternidad.
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Me refiero a una foto, singularísima, que estaba colgada en uno de los costados del kiosco de lustrar zapatos instalado al lado de lo que alguna vez fue el billar "Mundial", en la esquina de Grau y Santo Domingo, haciendo esquina con la Plaza de Armas.
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El encargado del kiosco -apodado "Vapor", un hombre con las orejas hechas coliflor por un lejano pasado boxeril- se ufabana precisamente de que esa foto había sido tomada junto a su lugar de trabajo no hacía muchos años (y hablo de esto, que presencié ese documento histórico chinchano hace casi veinte): a la izquierda, Paco Mármol, con sus inigualables tirantes, al centro con su eterna, enigmática sonrisa (piadosamente comprensiva con este mundo tan ingrato y tan lleno de vicisitudes) Espantalavirgen; a la derecha, con sus ojos de eterno niño, Calolo. ¡Ahhh...! ¡cuánto diera por poder escanear esa foto para la posteridad...!
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Esta noche me he acordado de ello al proponerme recordar algunas curiosidades del bestiario chinchano del que siempre conversábamos con Papi & El Goldo. En homenaje, un vano intento de replicar tal memoria con el feble apoyo de Google, Flicker y Matt Gröening.
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14 junio, 2008

It's Father's Day!

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Just sit down, take it slowly.
You're still young, that's your fault,
There's so much you have to go through.
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¡Feliz Día, Old Timer!
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-Santiago & El Doc, hace poquito-

10 junio, 2008

De "El Comerzio"


El decano de la prenza nazional, en zu verzión electrónica, ha incurrido en un zezeozo gazapo el día de hoy. ¡Horror! A ezte pazo, la población no crezerá a ritmo de uno punto zeiz por ziento, zino que dependerá de cómo ze dezenvuelva el mercado internazional de porzelana o de loza.

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07 junio, 2008

¡Para Sacarse El Pañuelo!

Tengo un amigo que no vive ya por estos lares que disfruta muchísimo del caviar, especialmente porque son los huevos de centurión.
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Una visitante americana a quienes los familiares políticos -peruanos y cumplidos ellos- llevaron a disfrutar viendo bailes típicos en conocido antro turístico dijo que lo que más le había impresionado era el modo en que los músicos tocaban los cojones.
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Esta mañana oí que a alguien le iban a dar un masaje shitzú.
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(Papancheadas de otro libro, no de aquel en el que se iba anotando aquello de "¡Estás mentirando!", "Veo que has tendado la cama", "¡Te lo impidiré!" y del irreprochable "¡Comáis, comáis que yo ya habéis comido...!")
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16 mayo, 2008

¿Cuánto Dura Un Minuto?

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Para ser más puntual con la pregunta: ¿cuánto dura un minuto con siete segundos?...
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Aproximadamente treinta y ocho años, siete meses y algunos días.
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O viceversa...
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15 mayo, 2008

"Cumbres Nevadas, Ríos, Quebradas..."

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El lector que ponga un tantitttt-to de atención a la foto se dará cuenta de que ilustra al Kilimanjaro, con lo que la mente agilita -malgrado el evidente sobrepeso- asociará con la película de Gregory Peck 'Las Nieves del Kilimanjaro' y de ahí nomás se le ocurrirá por asociación de ideas aquello de 'Tengoelorgúllodeserperuanoysoyfeliz...' hasta llegar a la ex-trofa de 'Cumbresnevaadas, ríosquebradas, esmiPerúuuuuu'.
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(A eso quería llegar, a las cumbres y la cnnnn...)
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Es que quienes viven fuera (83.276% de la miríada de lectores de este blog), o como diría un cariñoso amigo de mi cumpa (que por esas cosas del destino, en el que él cree a veces, cuando se pone romanticón) "Para quienes vivan fuera, un Hospital Tipo IV es..." (¡oñoñoy!) se habrán podido enterar de que en estos precisos días se celebra en Lima la primera de las dos grandes Cumbres internacionales de las que será el Perú anfitrión este año (por favor, lectores peruanos que viven fuera, acá siempre se va a decir 'el Perú' y no 'Perú', que es como a la primera que pueden se mandan a decir, por aquello de la hipercorrección lingüística que les ataca nomás desembarcando en el aeropuerto de Miami, de modo casi tan inmediato como aquello de sustituir nuestro peruanísimo '¿Aló?' por un cabrísimo 'Hello?').
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Precisamente... Como consecuencia de la perpetua exageración (¡carajo!) con la que los Policías de esta parte del camino se toman a pecho la cuestión (más exagerados que el propio Dr. Evil) se ha cerrado el vital zanjón de Javier Prado frente al Museo de la Nación, generando un caos tan descomunal, inédito desde el tiempo en que Moisés dijo 'Síganme los buenos' y los trescientos cuchumil baisanos se le agolparon en la puerta de Memphis (o Tebas, o whatever) con carretillas, bacinicas y suegras más, para ganar el desierto. ¡Horroroso! Resulta, pues, que la cantidad de visitantes es tan grande para estas tres veces maltratada villa que hubo que comprar como doscientos patrulleros nuevos, parchar la mitad de las avenidas (otros tantos descomunales atoros, que comenzaron hace ya semanas). O sea, en castellano, Lima luce ahora más o menos como lucía Florentino Ariza (se ve que es de mis personajes favoritos) cuando sale, ya antañón, a hacer el crucero con su amada Fermina Daza con sus pantalones blancos flamantísimos, sostenidos por una vieja y cuarteada correa de cuero. A más de ello, se ha trancado varias manzanas (no una, varias manzanas) alrededor de algunos hoteles cinco estrellas en previsión de riesgos. Pero bueno... en razón de ello y de que el Gobierno declaró a propósito uno de esos feriados optativos (casi nada funciona, ni bancos, ni muchas tiendas), hoy Lima está casi vacía (vacida o sólida, como diría mi paisano de Grocio Prado) y es un verdadero placer andar en auto por ella.
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Un verdadero placer hasta que ocurre lo siguiente: viene uno andando en su camioneta all-wheel-drive pobre pero honrada (ya tiene sus añitos, pero se procura que siempre esté chillantay) por la descongestionada Avenida Comandante Espinar en sentido oeste / este y en eso que aparecen desde el Óvalo Gutiérrez cinco patrulleros con las luces encendidas y las luminarias en cimbreante rojo y azul haciendo un áua-áua ensordecedor, flanqueadas por dieciocho motos Honda que atraviesan contra el tránsito en dirección a la Subaru (honradísima y gris, insisto) y que le piden que se detenga, con gestos enérgicos e inapelables. Entonces uno dice 'Huy, curuju, ¿qué ha pasado aquí...?, ¿otras Torres Gemelas en ciernes?...' y mientras uno se pone callada y peruanamente de ladito (o sea, como alguna vez dijo El Papi, con esa humildad que encomian los entrenadores de fútbol argentinos que llegan a dirigir equipos de primera: "Me gusta trabajar con peruanos porque son humilditos...") , rauda pasa la comitiva de alguien súper-súper importante.
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(¿Y quién era, Metrónomo?, ¡cuenta 'pe!)
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("A eso voy..." como diría Javier Cáceres)
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En un lustroso Mercedes negro de lunas polarizadas y blindado, andando a ochocientos kilómetros por hora (misma Léidi Di, antes-de) pasaba uno de los dignísimos dignatarios que nos visitan en estos días. A juzgar por las banderitas que adornaban el frontis del Meche, se trataba nada menos que el máximo representante de un país al cual nos unen imperecederos y firmes lazos de amistad, tradición y, en estos globalizados tiempos, una sólida, intensa e insustituible relación comercial. Las banderitas, dicho sea de paso, jamás estuvieron en ninguno de los educativos álbumes 'Países & Banderas del Mundo' de Editorial Navarrete (los cuales llené escrupulosamente con esfuerzo digno de mejor causa) porque el país al que me refiero debe datar apenas de hace unos diez años, cinco más de lo que le tomó ser admitido como vagón de cola de la OTAN y miembro pleno (plenamente misio) de la Unión Europea. Se trata de ese país, tan gravitante sobre nuestro cotidiano quehacer y, sobre todo, para nuestro futuro indoamericano y ya no tan tercermundista, llamado Eslovenia. (No es milonga: ¡Eslovenia!, o como me preguntaría Dary hace unos minutos, 'Sr. Carlos, ¿qu'es eso? ¿es un país? ¿dónde queda?...'). Me fijo que el buen presidente (o presidenta, o primer ministro, lo que fuera) esloveno podrá contar a su regreso al país de sus fríos la deferencia con la que fue tratado a su arribo a este jardín del otro lado del Atlántico, en donde la gente es tan respetuosa de las instrucciones policiales, en la que circulan poquísimos carros (pobres pero honrados) y que el tránsito se abre al considerado paso de tan vital dignatario, ditto, como cuando Moisés abrió el Mar Rojo, en diligente (y eso sí, lastimosamente) bulliciosa comitiva.
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Mientras la caravana desaparecía algunos segundos después, empequeñeciéndose las rutilantes luces en mi espejo retrovisor, hinché el pecho de orgullo de haber puesto mi humildito granito de arena para el engrandecimiento de nuestra patria (esta querida cuna de uno de los más sabrosos aguardientes de uva, del internacional caballo de paso, de una singularísima cueca que cambia de nombre, de la chalacas no chilenas y de las polladas) al facilitar la presencia de tan elevado dignatario en su incontrastable asistencia a esta decisiva Cumbre, en la que con toda certeza se discutirán temas tan vitales como relevantes para cambiar drásticamente y de inmediato la vida toda del humilde peruano de a pie (o de all-wheel-drive, en el mejor de los casos).
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Justo en que los mil autos terminaban de pasar, de casualidad en el radio del taxi Toyota station-wagon-blanco-timón-cambiado (de rigor) que se había detenido junto a mí en toda esta turbamulta, sonaba 'Radio San Borja' con las sagradas notas de la canción compuesta por Manuel 'Chato' Raygada, que viene a ser como un segundo himno patrio (y nombre de varios restaurants allá en el Quinto Suyo, según sé). Emocionadísimo y al borde de las lágrimas tanto por la Cumbres como por los indisolubles lazos con tan entrañable y hermana República a todo pulmón me mandé con un 'Tengo el orgullo de ser peruano y soy felíiiiiiiiiizzzzz...' que debe haberse oido en la propia Ljubliana (ciudad capital de la hermana república, la cual -aprovechando el pánico- deberíamos hermanar prontamente con Lima, para aprovechar todo el savoir faire de ellos, tan europeos y tan condenadamente cultitos).
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¡Y que viva el Perú con todas sus nevadas cumbres, caaaaaaracas!

12 mayo, 2008

Like A Box Of Chocolates



(De 'El Nuevo Día' de Puerto Rico, 11.May.08)

Forrest creció y a estas alturas, debe ser exactamente 1.38 veces lo huevón que pinta la película.
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Michael Conner Humphreys debutó en la pantalla al interpretar el papel del pequeño Forrest Gump. Humpreys se unió al Ejército y fue destacado a Irak hasta el próximo 14 de Junio, luego de lo cual acaso intente nueva suerte en el cine. Humphreys recuerda que trabajar en “Forrest Gump” fue una gran experiencia y recuerda con cariño a Hanks y Sally Field, quien interpretó a su madre: “Ambos fueron excelentes personas, tal como uno esperaría (al abrir una caja de chocolates)”, (el añadido entre paréntesis es mío); tras “Forrest Gump” decidió no hacer carrera como actor porque deseaba seguir en la escuela, viviendo al sur de Estados Unidos. "Shit happens...", acotó con marcado acento sureño y una sonrisa que emulaba con precisión la de su ídolo de infancia, Gomer Pyle.

26 abril, 2008

Memorias De Davicito -Más Conocido Como ‘El Rocanrolero’-

David Peña, "Davicito", circa 1954, North Dakota

(Fragmento, Cap. XVI)

… Era cuando mi madre me untaba con árnica los chalazos que me salían cuando se me daba por mirar a los perros tirando en el parque. Pero eso era nada, porque ella -tras cortarme los uñeros y frotarme los juanetes con piedra pómez, a la que ella llamaba pómex, con equis- tenía que rasparme el ojo’e gallo que me salía en la planta del pie derecho y luego me ponía un callicida que era mundial. Las manos era más fácil, porque rara vez me salían sietecueros y después de esa maniquiú -así también decía ella, dizque hablando en francés- me ponía una de las cremas que tenía sobre la cómoda de su cuarto, junto a los espejos. Claro que para entonces yo ya me bañaba solo, nada más que con agua siempre helada, porque la cocina quedaba lejos del baño y a veces no había para el ron del calentador que colgaba de la ducha. Una vez me pegué tremendo resbalón y si hubiera sido por el alambre donde mi mamá todos los días colgaba pedazos de papel periódico, me daba con la cabeza en el retrete de granito gris, ése que tenía el tanque de fierro arriba y que se jalaba con una cadena que acababa en una pera de madera.

Así fue que un domingo, cuando la acompañé al mercado a hacer las compras y yo iba llevándole la canasta, vi colgado en un puesto un par de pantalones de ésos de los que ella había denostado tanto. “Es la perdición del mundo” –me decía” “¡La juventud ya no tiene valores, por María del Señor!... mira que ponerse estas ropas de tela tan gruesa y doblarse las bastas, como si no les importara lucir bien. ¡Nada bueno va a resultar de esto!”. Cuando ella se alejaba, agarré el pantalón y lo olí. La fragancia me impactó reciamente. “Veinticinco soles, joven. Es Orotex” me dijo la vendedora, una chola gorda y sudorosa. “Regreso más tarde”, le contesté, alcanzando a mi madre antes de que se diera cuenta de que en ese instante mágico, mediante un añil par de pantalones que me dejaron pintada levemente la mano, el destino había sabido encontrarme…

10 abril, 2008

Vilulai Lama

Esta columna de opinión se ha reservado siempre el comentar asuntos de actualidad en razón de que (a) nadie nos lee, y que (b) hay que dejar madurar las cosas hasta que agarren su punto de almost-rotten (así toman el gusto del charqui o el sabor del canard listo para ser untado d'orange).
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Empero, si a nuestro nunca bien ponderado ex congrezizta Fernando Olivera se le hizo tamaño cargamontón por haber hecho pichulita a los periodistas delante de muchas cámaras de televisión, ¿qué podríamos opinar del santón de los mantos coloreados que se ve en la foto en la conferencia de prensa que otorgó ante la prensa mundial?
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"¡Ésta es pa' tí, pa' que la veas chino impelialista Yi JanLian! [basketbolista chino de 2.10 m que juega en la NBA], ¡pala que nalie liga, cojulo, que el Tíbe, no es inlepenliente!... ¡Fuela China del Tíbe, calajo!" fue el speech que adosó al acto. Al parecer, y sin entender cabalmente la peruanísima connotación del gesto, la agencia australiana que recogió la foto decidió rubricarla con otra leyenda, más considerada.
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Huelgan comentarios.

30 marzo, 2008

Cosas Raras Se Verán, Dice La Biblia

En un suburbio de la ciudad canadiense de Toronto se investigó el supuesto caso de un hombre en estado de gestación. El individuo, de origen sudamericano y de iniciales A.D.I.T.A., presentó un balonamiento progresivo de la cavidad ventral con expansión de la fascia subdiafragmática, es decir, de la prolongación del saco facial intraabdominal; el esfínter esofágico interior estaba severamente afectado en su límite superior de inserción en la membrana frenoesofágica y en la capa submucosa del esófago.
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Tras una revisión más detenida, se descartó el proceso de gestación: todo se redujo a un generoso tacu-tacu sin aceite de oliva, precedido de una entrada de champiñones cargadísima al ajo más una gruesa porción de rachi con ají colorado y cebolla china que el interfecto había engullido casi sin tomar aire, algunos meses atrás ocasionándole una descomunal obstrucción meteórica.
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Previa laxada, el individuo fue pronto dado de alta con la condición de que no vuelva a empujarse tanta cochinada junta.

18 marzo, 2008

Las Cosas Que Se Hacen Extrañar En El Barrio Que Nunca Tuve

Desde el segundo piso de Diagonal 550 se ve la esquina del Parque Kennedy que da a Schell, con su portete horriculento de concreto color naranja que, como parte de la modernización del parque, se construyó hace unos diez años. A esas alturas, algunas cuantas cosas ya se habían marchado para siempre de eso que podríamos llamar barrio.

El señor que, vestido invariablemente de terno y corbata, con barba y ojos caídos, parecía declamar algo que leía apenas moviendo los labios de un papelito que sacaba de uno de sus bolsillo, perpetuamente cabizbajo mientras recorría innumerables las veredas del parque entre las once de la mañana y las cinco o seis de la tarde. La leyenda urbana cuenta que había visto morir a su novia en sus brazos como consecuencia de que fuera atropellada mientras descendía de su auto para encontrarse con él en esa precisa esquina, que de eso no pudo recuperarse y que perdió por ello la cordura. Siempre escuché que era de una familia de nombre patricio, razón por la que su tenida era impecable las más de las veces (algunas cuantas veces lo vi con el terno muy arrugado y el cuello de la camisa negro, como si no se hubiera cambiado en varios días). Desapareció de esta esquina poco antes de la remodelación, circa 1990.

El heladero Juanito (o diminutivo similar). Cuadraba su carretilla de helados D'Onofrio en la esquina de lo que ahora es Palachinke (que está ahí desde 1976, más o menos) y meneaba una lata de ésas grandes (de Nescafé o Milo) que había llenado con piedras y gritaba algo así como '¡E'lo bueeeeeno!' (chas-chas-chas). Vestía una chaqueta blanca (de heladero) y un gorro (de heladero) con visera. Entonces ya tendría más de setenta años y la madre de Nano, que vivía en Henry Revett -a la vuelta de Diagonal- me contó alguna vez que tenía treinta años en la misma cantaleta, los veranos vendiendo helados y los inviernos, chocolates. Juanito dejó la esquina hacia 1975 ó 1976.

El loco Tres Pasos. A falta de nombre le pongo tal, puesto que andaba con zancadas enormes con unos zapatones, negros y gastadísimos. Usaba casi siempre sacos a cuadros chiquitos sobre un pantalón que parecía no cambiarse nunca; llevaba el pelo engominado o grasiento peinado con una raya muy marcada al costado. Acostumbraba a decir incoherencias a la gente con la que se cruzaba en sus excursiones por Larco, Schell y Diez Canseco y me parece recordar que alguna vez lo vimos, agachado en escuadra, untando su palma con un helado que se derretía sobre la vereda y lamiéndola luego detenida y fruiciosamente. Sólo anduvo por el barrio unos dos años, hacia 1975. Hoy ha sido reemplazado por otros excéntricos, uno de los cuales estudió conmigo en el colegio.

El Bowling Brunswick con su vistoso cartelito de neón que replicaba un jugador haciendo un strike. Antes de la construcción del Edificio Centro Líder (proyecto de éxito fallido y fugaz), el Bowling destacaba como punto de referencia de Miraflores. Tras descender por las escaleras de acceso, sobre la mano derecha uno veía una barra de estilo película americana en la que se vendían unos milkshakes que siempre me parecieron carísimos; sobre la izquierda estaba el mostrador donde uno iba a comprar las líneas que iba a jugar, atendida por un conserje que usaba los lentes de leer caidos sobre la nariz y que daba garbosamente una rociada de Wizard a los zapatos antes de entregarlos a los usuarios. El Bowling murió hace mucho: lo mataron la decadencia y la moda. Sus antes iluminados ambientes se fueron tugurizando para albergar mesas de billar gastadísimas mientras la juventud se fue haciendo más y más sórdida. Los ecos de pinos de campeonatos latinoamericanos se esfumaron a paso veloz (el poster de Danilo Roveda y sus 300 perfectos puntos así como los strikes de Hamleto, el venezolano que llegó juvenil y que se volvió un pro en la liga americana sin haber tenido el decoro de cambiarse el horrísono nombre). Hace unos meses entré, por pura curiosidad; la mitad de las pistas de madera blanca estaban apagadas y las mesas de anotación vueltas unas sobre las otras, dos mesas de billar con las buchacas amarradas a la mesa con alambres, el mostrador en la más patética ruina. Y como guiño curioso, el mismo dependiente de los anteojos sobre la nariz, peinando setenteras canas.

Sobre Schell, en el baldío que era el estacionamiento del supermercado Todos que estaba haciendo esquina con Los Pinos (donde hoy se instala Ripley) se estableció una carretita blanca y pintona que tenía sobre sí un cartel rojo que decía 'La Casita'. La correctísima señora que atendía ahí vendía unas hamburguesas caseras extraordinarias, sobrias y sin recargos, las cuales uno podía regar con una docena de salsas sabrosísimas: mayonesa, tártara, golf, de rocoto, de ají amarillo y así. Con José Miguel íbamos regularmente y a hora algo tardía (salida del cine, casi a medianoche, por ejemplo). Una noche la señora conversaba con alguien explicándole que le habían pedido que desalojara el terreno (la casita de madera no ocupaba más allá de diez metros cuadrados) pues ahí construirían algo. Sin embargo, continuaba, le había ido tan bien que iba a dar el primer pago para comprar la tienda de la primera planta del edificio que construirían en la otra esquina de Los Pinos y confiaba en que el negocio prosperara. No se equivocó: durante muchos años, La Casita constituyó el ícono de los fast foods miraflorinos y supervivió hasta hoy, sin desmoronarse como el Oscar's, el MacTambo o el MacDonald's bamba que se instaló en la esquina del pasaje Olaya y Diagonal (ahí Semiqui se manyaba dos "Big Macs" al hilo, y hago notar que los de este local precursor y que no pagaba la franquicia -con toda seguridad- hacía las hamburguesas de un volumen tal que fácilmente en cada una de ellas cabrían dos de las que vienen ahora en el autoservicio verídico). La Casita abrió un local en Larco, pero ahí no prosperó, acaso porque la señora fundadora (blanca ella, para no catalogarla con el peyorativo 'blancona', que al parecer designa al peruano de raza blanca caído en desgracia o en train d'ascention social) encontró mejores rumbos (figurativamente, se le casó la hija y se fue a vivir a Suiza, la misma que tras algunos años le pidió que vendiera todo y que la acompañara allá con los nietos; ahora vive en un feliz retiro, entendiendo perfecto los chistes que cuentan los vecinos en alemán, quienes encomian lo bien que sabe la frankfurter gruene sauce que prepara la señora que vino del país tropical).

El Taco del Queso. Sobre Los Pinos, en el conglomerado de edificios que quedó a medio hacer desde fines de los sesentas, hay una especie de mezzanine a la que se accede por una escalera oscura (me refiero al lado opuesto a donde quedaba Bronzo, la socorrida discoteca de los tiempos de correrías con el Dr. G, cuando ésta ya estaba viniendo a menos). Ahí funcionaba un billar, o sea, un taco. El regente del establecimiento, aquél que ponía un pedazo de papel bulky rasgado en alguna de las bandas para llevar registro de la hora de inicio, era El Queso. Individuo de inequívoco rostro andino, El Queso era escrupuloso llevador de cuentas, gerente, administrador, contador y janitor. No se amoscaba por el apodo y acaso nadie haya conocido jamás su verdadero nombre (lo cual me recuerda a 'Mozo', el mozo que nos atendía en el Chifa Susy, en Arenales, en la época de Lince, cuyo nombre se lo ha llevado la historia). Un detalle peculiar del que no me olvido es que El Queso, emulando alguna épica gesta western de Steve McQueen o Charles Bronson, llevaba siempre en la comisura de los labios un mondadientes, el cual manipulaba sobre alguno de los intersticios de sus molares con dedicada constancia de rato en rato. Me parece que el taco existe aún, pero El Queso fue desembarcado hace mucho ya. Ha algunos años que El Papi me contó que, al pasar por alguno de los cafés de moda de San Isidro, creyó reconocerlo haciendo de cuidador de autos: si bien no llevaba el mondadientes entre los labios, no había perdido la costumbre de marcar las horas de llegada de los autos en un papelito que embutía en los parachoques. Gajes del oficio, con toda propiedad.

Dejo para otra ocasión a los personajes y lugares menos públicos pero que proveyeron al Parque y sus alrededores de ese aire de misticismo y miraflorinidad tan peculiares: el Pelado del Parque, 'El Pozo de San Ramón', los roedores que pululaban por la efigie de Kénide (!), los fletes, Máximo (el portero, tan amigo de Alo Gayoso), las damas que se mercadeaban en la propia esquina de Berlín y Diagonal, la bodeguita de a la vuelta, el poste desde el que llovía todos los días a las seis y un largo etcétera.

23 febrero, 2008

¡Aúuuuua, aúuuua, tutú tutú! (O ¡Santas Asociaciones, Batman!)

Usualmente una cosa lleva a la otra. Asociaciones mentales, que les dicen, tan involuntarias como gratas.

Mirando la tele sabatina, específicamente “El Especial del Humor” de Canal 2, reincidía en mi habitual idea de que Álvarez y Benavides, junto a Armas y Vidaurre, son de los poquísimos cómicos peruanos que pueden llamarse propiamente imitadores. Mas aún, son de aquellos imitadores que jamás han copiado una imitación; muchos aspirantes copian a los imitadores haciendo lo suyo, de modo que al cabo de un tiempo la imitación se vuelve un personaje único, distante leguas del paradigma original. ¿Algunos ejemplos? los manoseados remedos de Alejandro Guerrero, Susy Díaz, Ricardo Belmont y Jorge Del Castillo, por sólo citar algunos (¡ah! y por cierto, Guillermo Rossini jamás ha sido y –dada su edad- jamás será imitador).

Volviendo al punto de las asociaciones de ideas, Álvarez y Benavides presentaban un sketch en el que el primero imitaba al futbolista Juan Manuel Vargas (como sabemos, apodado “El Loco”)- mediante un diálogo lleno de ingeniosas incoherencias y jocosos gritos. “Buen personaje” –pensé- “Ingenioso y original. Cualquier otro hubiera recurrido a copiar lo que antes ya había hecho ‘El Loco’ Ureta…”.

¿‘El Loco’ Ureta? ¡Qué loco para genial! Como es sabido, ‘El Loco’ pertenecía a un clan de actores, los Ureta-Travesí, por lo que empezó en la actuación en el espacio justo en que su breve porte y precoz pelada le ubicaron rápidamente: la comicidad. ‘El Loco’ empezó sus caracterizaciones en ‘La Peña Ferrando’ a mediados de los sesenta y cuando apareció ‘Teleloquilandia’, ‘El Loco’ trasladó a las pantallas su ronco “Aúa, aúa, tuttú-tuttú… ¡Buenas noches los pastores! ¡Brrrrrrrrrr!...”, con meneada de cabeza, mentón salido, pijama de franela de rayas y bacinica en la cabeza más. ‘Eso solito se merece un post, Baliente Metrónomo’, me dije. ‘Hora de googlear en búsqueda de más datos’.

Lo cierto es que sobre ‘El Loco’ Ureta no hay mucho, como se puede verificar dando su clave en el Google. Lo más sabroso, acaso, es una entrevista que recoge Arkiv que le hizo en 1979 la revista ‘Zeta’ (llamada ‘Tetas’ por la juventud progresista del pueblo de Nauta, por el profuso contenido de pechamentas y tolacas de todo tipo), y en la que soslayaba en un desconocido tono agridulce su afición artística: “El día que yo nací no nació ninguna flor. A mí no me trajo la cigüeña: me trajo el Pájaro Loco. Llegué a mi casa cuando mi mamá había salido”, dijo, “Voy a a hacer café-teatro. Estoy buscando un local. Explotan al artista: no pagan bien”.

Alfredo y yo lo vimos en vivo una vez. Fue por ahí en 1969, a unos meses de estrenarse ‘Teleloquilandia’ en el Canal 4. Fue en el Cine Chincha en una noche de lleno total, por lo que hubimos de situarnos (¡dichosos de nos!) en la primera fila, al centro. De pronto se apagaron las luces y por los parlantes empezó a sonar el jingle del programa: ‘Teleloqui-loqui-landia es la estación / De la locura, donde todos están locos, donde nadie tiene cura. / Les traemos la receta para curar la amargura / Telelo-loquilandia: la estación de la locura…’ y los artistas a desfilar, en vivo y a todo color. En su habitual pijama de franela, con barba pintada y la bacinica de rigor ‘El Loco’ Ureta se paseaba de un lado a otro del escenario mientras los aplausos de la gente no se detenían. En eso llegó justamente al punto delante del cual nos encontrábamos Alfredo y yo y se detuvo en seco. Sacó aún más la quijada, achinó los ojos como quien se sacude el intenso haz del spotlight, nos miró hacia abajo y le preguntó a Alfredo, mirándolo directamente a los ojos, “¡Oye!, ¿Y tú de qué te ríes?...”. Seguimos carcajeándonos mientras se alejaba, aún con la incredulidad de que se hubiera dirigido a nosotros de un modo tan específico (seguramente era parte de su rutina, pero esto no se lo voy a decir a nadie, lo prometo). ‘El Loco Ureta’ participó después en ‘El Tornillo’, en ‘Estrafalario’ y luego –según recuerdo- en un breve tramo de ‘Risas & Salsa’, hasta que una peritonitis se lo llevó prematuramente en 1982.

De entre todas sus caracterizaciones, además aquella del marica que acuñó aquello de “¡Me quiero moríiiir!”, ‘El Loco’ Ureta imitaba a Rita Pavone de un modo genial. Huelga decirlo: no hay en YouTube ningún clip colgado del genial ‘Loco’, pero sí de Rita Pavone. Sin embargo, quienes alguna vez pudieron ver la imitación de ‘El Loco’ convendrán conmigo en que el siguiente clip, de la verídica Rita Pavone, hace que la imitación supere largamente a la original. Incuestionablemente. ¡Larga vida al ‘Loco’ Ureta!


Pero sigamos, que aún no acabo.

Durante la búsqueda de videos de Rita Pavone descubrí uno que se llama ‘Amici Miei’. Lo miré un poquito, pero no se ajustaba tanto a lo que quería contar en el post a propósito de ‘El Loco’ Ureta, como sí el ‘Datemi Un Martello’ que he incluido, pero me quedó la inquietud. ¿‘Amici Miei’? Eso me suena a película que había visto. Of course, of course. Tognazi, Noiret y Celi en una hilarante trama que no recuerdo ya con mucho detalle. Entonces… si hay ya posteados clips de ‘Amici Miei’, ¿sería posible, entonces, que haya clips de ‘I Nuovi Mostri’?... ¡hagamos la prueba!. I-espacio-N-U-O-V-I-espacio-M-O-S-T-R-I-search. Voilà!

Para deleite de todos nosotros, gracias a Dios y a las musas del humor, tres joyas perennes, de modo que no tarden en buscarlas más: “Senza Parole” (Ornella Mutti en ubérrima plenitud y sobresaliente música de Tozzi) y Alberto Sordi en “Come Una Regina” y “L'Elogio Funebre”. Sencillamente geniales.
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Es bueno que una cosa lleve a la otra. Asociaciones mentales, que les dicen, tan involuntarias como gratas. Muy gratas. Muy, muy gratas.

09 febrero, 2008

Metronómica Efeméride


Esta mañana vi un capítulo de “Friends” y no sé por qué, Jennifer Aniston me pareció singularmente bonita. Más tarde, en YouTube, recordé que debí haberme comprado el sigle “Always On Your Side” en la tienda Virgin de Union Square, allá, donde ya sabemos que nos gusta tanto: el video de la canción hace lucir a Sheryl Crow tremendamente bien. Algo se debe inventar (Thomas Alva Edison), pues, para disfrazar esta tonsura, que ya casi es de prelado (digamos, de Gregorio XIV) y las arrugas tipo-Eva-Gabor, o habrá que boxear contra ellas –mismo Max Baer-, digo. ¡O mejor!, hagamos la de Leslie Nielsen, como decíamos el otro día a propósito de las series sesenteras, o pongámonos musicales como Kelly Rowland o Sergio Mendes (tremendo músico do Pais Tropical), tan dramaturgos como Sidney Sheldon o sencillamente adoptemos la actitud risueñamente cínica de Burt Reynolds desempeñando el papel de Manuel Antonio Noriega… (no: mejor hagamos la de Josepeh Mankiewicz y escribamos otra vez “The Barefoot Contessa”, sólo que en el papel prinicipal iría -con toda su peruanísima belleza- Q’Orianka Kilcher).

[¡Huy!, ¿qué pasó? ¿se rayó El Baliente Metrónomo? ¿comió cacachuates y está padeciendo de mental cagalera? ¿decidió por fin, y una vez más, ponerle ídem a este cibernético rincón, pendonero y fútil? ¿habrá pensado en divulgar al mundo la identidad secreta que camufla bajo el apacible look de economista, defraudando así a sus cinco lectores, Dama Peruana incluida? ¿cambiará la ‘B’ por una más formalita ‘V’ en su seudónimo? ¿se marchará de peregrinación a Mississauga, Ontario, previa pasadita por Sabana Grande?...]

Hint para los que no se acuerden: 11 de Febrero. Efeméride de la Virgen de Lourdes.
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Por eso, al Baliente Metrónomo así como todos los nombrados, en Sol Mayor y compás 3/4, ¡y uno!, ¡y dos! ¡y tres!.. “¡Feliz, feliz en tu día / Amiguito que Dios te bendiga, / Que reine la paz en tu vida / ¡Y que cumplas muchos más!...”

02 febrero, 2008

Rodriguítico

Garboso paso de baile en doce segundos, sólo igualable a Manolo García bailando "La Macarena".

Cuestiones De Hábito

Carta Abierta A Los Profesionales Que Se Pudieran Sentir Aludidos

Estimados Señores:

Con el respeto que me merecen (que es bien poquito), paso a expresarles que me parecen soberanas tetudeces las siguientes tenués-de-guerre (o sea, ropa de chamba, la cual no ha de confundirse con la "ropa de laburo", que es la tenida que usan las chicas malas que, por regla general, casi siempre son bien buenas):

a) La chaquetita blanca de los médicos de los hospitales de EsSalud y Minsa. Tal indumentaria llama a poderosa confusión con la habitual tenida de los otrora heladeros D'Onofrio (hoy Nestlé), y cuando se tiene a alguno delante uno no sabe si le van a medir la presión o si hay que pedirle un Frío Rico. Ya otra cosa son las scrubs: ahí sí, por comodidad y por afincarse estrictamente en el ámbito de un hospital, atraco.

b) El chaleco multibolsillo que supuestamente otorga características a un periodista. O sea, ¿qué?, ¿uno ve el chalequito con sus bolsillos de número infinito y debe computar que está hablando, o sea, con Alejandro Guerrro en sus épocas de reportero callejero? ¿o es que no se dan cuenta de que los bolsillitos eran más para que los reporteros gráficos llevaban ahí los cuchumil rollos de película fotográfica que una misión distante les imponía y que estos tiempos de cámaras digitales ya no exigen más que para uno que otro teleobjetivo? Incluso hay ocasiones en las que uno no sabe si tiene delante a un periodista o a un cambista de Larco.

c) Los ridículos gorritos que usan los que practican el automovilismo aún cuando están fuera de los circuitos. Digo... una cosa es usar el adminículo dentro de un auto -digamos- de rally, por cuanto el polvo se puede impregnar molestamente en el pelo, pero ¿fuera del auto? ¿durante una entrevista de televisión? ¿dentro de un avión?... (¡por favorrrrr!)

d) Los zapatos de punta de las actrices de películas porno. Digo... ¿por qué nunca se los sacan cuando están en plena acción? Al igual que en el acápite c), el polvo se puede impregnar molestamente sobre los zapatos durante un rally, pero... (huy, no, creo que escogí mal los términos... ). Passons.

e) El insufrible terno -invariablemente- mal cortado de todos y cada uno de los grupos chicheros (Armonía 10, Grupo 5, Los Norteños de Guadalupe y siguen firmas). ¿De qué se trata? ¿poner en evidencia integración total y espíritu de cuerpo (de tamal)? No, Señores chicheros, no es preciso que se vistan todos igual, ya con su música es sufissant.

f) Las chaquetas de los cocineros y sus zuecos. ¿Serían menos cocineros, la sazón resultaría diferente, sería distinto el resultado si los cocineros usaran algo más expeditivo - pongamos, un mandil- o un gorro en vez de las chaquetas aquellas con cuello abierto y mangas tres cuartos con las puntas dobladas? ¿percibirá la comida la sutil diferencia acústica de cuando un cocinero camina sobre zuecos que cuando usa otro tipo de calzado, modificando con ello su sabor?... No me parece, ¿ah?

g) El terno y corbata de los asaltantes de bancos en virtud de lo cual se les espeta aquello de ser siempre sujetos 'elegantemente vestidos'. Hint: Señores asaltabancos, desde los ochentas en que la moda se distendió y lo casual se impuso, el uso del traje y la corbata no es -ni por asomo- sinónimo de elegancia. Favor, si quieren pasar piola antes de un atraco, ¡cámbiense de ropa!, no fuere a ser que tanto el público como el administrador del banco a ser asaltado pensaren que al local entró (con similares o más peores intenciones) una gavilla de abogados en ejercicio -mejorando a mi amigo Augusto-.

h) El invariable vestido de flores, las sandalias de taco bajo y la cadena dorada sujeta-anteojos de las señoras que abarrotan bingos y casinos... Señoras: ¿qué no hay alguna blusita menos clásica que vaya bien con sus anteojos de lectura? ¿alguna prenda que haga un poco más risueña la permanente cara de compunción estreñida que parece aquejarlas siempre?

Antes de presentar mi denuncia formal ante Indecopi por prácticas restrictivas en el mercados, valga este modesto exhorto para hacerles recapacitar de tan ilógica postura gremial y, ¡por favor, vístanse como la gente!, pues de monjas, ascensoristas, enfermeras, curas, tombos, mozos, farmacéuticos, guachimanes y dependientes de tienda de vídeos ya estamos hasta la coronilla.
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(f) El Baliente Metrónomo.

30 enero, 2008

¡Oiga, Caballlleeeeero...!

En realidad sí se me hace una confusión, que a lo mejor algún memorioso hermano (me refiero a uno) salva. No sé aquello de ir a almorzar al restaurant original de Rosita Ríos, en el Rímac, fue justo antes de que El Doc nos llevara por primera vez al Estadio Nacional al partido Octavio Espinoza contra el Defensor Lima (por supuesto, apenas preliminar y ni siquiera semifondo de la fecha dominguera de un Descentralizado) o si fue (y aprovechando la cercanía), justo antes de ir a la Plaza de Acho a ver el Circo de Moscú. Whatever! Lo que quería narrar era otro nostálgico memento de chiquititud, que está relacionado con haber visto a quien fuera llamado el más grande payaso de la historia: Oleg Popov.
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'El Payaso Sol' nació en 1930, en Moscú, razón por la que a la edad que lo vimos mis hermanos y yo -circa 1970- frisaba la cuarentena, no obstante lo cual (o acaso, razón por la cual) su desenvoltura física era notable. Recuerdo que para esa tarde El Doc había comprado entradas para la general (vulgo, galería, porque el resto de localidades seguramente eran carísimas), lo cual nos hacía divisar los actos que se desenvolvían en la pista a una distancia más o menos grande: el circo había tendido su carpa por encima del coso, de modo que todo estaba en penumbras. Lo cierto es que he olvidado todos los demás actos y el único que recuerdo (¡qué cosas tiene la memoria!) es el de Popov, y aún éste, a retazos. Me parece que salía al ruedo con un perrito, con el que hacía piruetas y demás, y ya luego empezaba a hacer un acto en solitario, una parte del cual consistía -si el Alzheimer no me delata- en andar por un cable metálico elevado a unos dos metros del suelo (una tight rope chiquita, que le dicen) y realizar la proeza más increíble que hubiéramos visto hasta entonces: Popov, vestido de un sacón azul escarchado (la carencia de las hoy comunes pantallas gigantes reducen ello a sólo una sospecha) iniciaba una temblorosa caminata sobre el alambre; una vez que hubo llegado a la mitad, con vacilante esfuerzo se puso de cabeza y, con inverosímil dominio y presteza, se iba despojando del sacón mientras empezaba a rodar sobre la cuerda hasta el otro extremo, al cual llegó ya 'cambiado' con un sacón de otro color (¿cómo lo hizo?, ¡sabe Dios!). Tras de eso bajó del alambre y continuó haciendo su acto, como si tal cosa. A la salida y durante el regreso a Chincha (seguramente esa misma tarde), mis hermanos y yo desmenuzamos el acto, riéndonos con el recuerdo.
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Y no es que haya muchas, pero al menos ubiqué un video de él en YouTube que pinta la creatividad de sus actos y sus marcadas influencias. Muy probablemente las imágenes provengan de la película Две улыбки (Dve Ulibky, "Dos Sonrisas"), de 1970.
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He aquí la evidencia cinemera de quien -para nosotros, al menos- ha sido y seguirá siendo, el mejor payaso del mundo.
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24 enero, 2008

4 De La Tarde: El Zenith En Una Tarde De Verano

Hoy Santiago me hacía acordar de cuando le conté que en Chincha, cuando yo era chico, se recibían tres canales de los cuales la recepción sólo era aceptable para dos, pero en casa sólo teníamos antena para uno. Años después llegaría una innovación súper tecnológica: se podía recibir ambos canales sin recurrir a dos antenas de mástiles separados, pero había que cambiar una llave de cuchilla para hacer el switch de antena de un canal a otro. ¡Clack! (entre paréntesis: se veía igual, o peor… y por cierto, ¿qué habrá sido del hermano del Chiquitoso y su promisorio futuro como experto en el esotérico arte de instalar antenas de T.V., habiendo llegado al summum con la instalación de boosters? ¿qué será de su vida en estos alambrescos tiempos de "Cable Chincha"?)

No obstante esa severa limitación, pudimos admirar todos esos cartoons de los que tanto ya se ha hablado, así como también algunos cuantos de los que no se dice ya casi nada. Éstos, mayoritariamente puestos en las tardes de Canal 4 (con el logo en la casetucha de retransmisión de la cuesta de Cañete, que todos esperábamos con ansias ver cuando volvíamos de Lima) incluían a “El Ángel del Espacio” con el “Dardo Estrella”, el cual capitaneaba Scott McCloud junto a Taurus (unos cartoons, según he averiguado, que databan de 1962), a Astroboy y al Hombre de Acero, por supuesto (posteriormente reeditados sin el brillo original… me refiero al brillo de las tabas del Hombre de Acero, robot que parecía estar vestido con un frac cilíndrico) y a los Super Six, con Super Bwoing, El Hombre Elevador, El Hombre de Granito et alter. Cuando dispusimos en casa de la antena para el 5 (“¡Chicho! ¡sube la palanca…!”), recién pudimos disfrutar de los Looney Tunes.

Para deleite de la yénchi y homenaje a esos gozosos años, tras las imágenes, dos clips: el primero, el intro de los Super Six, con canción y capítulo de los Hermanos MatzO’Reilly incluido; el segundo, un ocsequio para El Papi (¡no sabes lo que me costó ubicar este clip en YouTube!), Owl Jolson cantando "I love to sing'a about the moon'a and the june'a and the spring'a".










16 enero, 2008

Mentiras De Aquellas

Define el DRAL mentira como aquella 'Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa'. Falacia, en cambio, es 'Engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien'. Cuando estaba en la Universidad, mi profesor de filosofía y lógica -mal llamado por muchos como 'el cura Dóriga'- distinguía, basado no sé en qué apoyo pero con bastante propiedad, que una falacia era una propuesta lógica que carecía de la intención expresa de desvirtuar la verdad que sí tenía toda mentira. Desde ahí me quedé con esa especie de inquietud acerca de las mentiras, la cual resucito en la fecha gracias a que (1) la falta de tiempo para postear me está arrinconando y entiendo que hay quienes acuden sistemáticamente a esta página para ver si colgué algún nuevo dislate, y (2) los recuerdos infantiles parecen ser siempre los más fácilmente manipulables a fin de rescatar eso que no se quiere perder de la memoria.
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De todos modos, esto que cuento tiene que ver con mentiras que escuché, me contaron o me dijeron cuando yo era chico. Todas, por cierto, fueron expresadas de viva voz por niños que entonces tenían mi edad, con lo cual aquello de la intencionalidad o el propósito de dañar a alguien -según rezan las definiciones- podría descartarse de plano, reivindicando mas bien aquella permanente intención que alguna vez tuvimos todos los niños (algunos más que otros) de impresionar al auditorio. By the way, cual émulo de George Washington en su anécdota de quién cortó el árbol (favor no confundir aquí con el pacharaco bestseller '¿Quién Se Ha Llevado mi Queso?'), cuando fui chico y hasta hoy he procurado decir la menor cantidad de mentiras posibles, instrucción que escrupulosamente estoy transmitiendo a Santiagazo, no solamente porque es sumamente gratificante hablar siempre con la verdad (como diría Toro respecto del Llanero Solitario, '¡Kemosabay habla con lengua de verdad!') sino porque es especialmente feo que le pesquen una mentiraza y acuíjjj, lo cachen a uno en la movida (como diría El Viejo Dientes de Tiburón, jefe de Capulina antes que éste fuera millonario).
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Para no imbuirlas de carga emocional ninguna, he aquí ocho de las más descabelladas cosas que me dijeron u oí cuando niño, y que se han quedado a vivir entre los recuerdos que cuento como más queridos:
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a) En alguna película de matinée en el Cine Chincha, Alfredo, Chicho y yo, y en la fila inmediatamente anterior un chico algo mayor de nuestro colegio, con su hermano menor, viendo una película en la que unos personajes, minimizados gracias a un portentoso y complejo rayo, se introducían en el torrente sanguíneo de un paciente. El hermano menor (al ver unas formas redondas, inmensas y rojas que parecían flotar en el plasma): '¡Asu!... Y esas cosas, ¿qué son?'. La respuesta contundente y cargada de una ignorancia laposa y bastante falaz: 'Son glóbulos: ¡los glóbulos de las glándulas!'. [Alfredo aún se debe acordar del preciso nombre de los protagonistas]
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b) En el mismo Cine Chincha, en otra matinée, con amigos del mismo segundo o tercer año. Uno de los amigos, respecto de un primo que vivía por el Pasaje Santa Rosa, a quien admiraba: 'Mi primo José Luis me cóntó una vez que estaba en el cine cuando hubo un temblor. Se quedó esperando a ver qué pasaba y de la película empezaron a salir corriendo los romanos y después de ellos salieron corriendo Batman, Robin, Hércules, Superman y todos los otros que viven detrás de la pantalla...'. [Como diría Spock, '¡Fascinante!']
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c) Camino a Ica, con el Doc manejando y toda la familia en el Oldsmobile azul. Pregunto: 'Papi, ¿no es cierto que en Kryptón todos los perros son blancos y vuelan?...'. Respuesta algo falaz y bastante piadosa: 'Sí, hijo, todos los perros en Kryptón son blancos, pero acuérdate que sólo vuelan cuando la gravedad aquí en la Tierra se los permite.' [¡Gracias Doc, por no quebrar la ilusión!]
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d) De regreso de Ica, por el tablazo de Paracas, mi hermano Chicho: 'Alo... ¿y esas cosas que parecen cabezas, qué són?' (mirando hacia los domos de arena en todo el tablazo, los que parecían tener forma de un torso que culminaba en un penacho hirsuto de hierba gruesa). Respuesta imaginativa y nada mentirosa: '¿Te acuerdas ese episodio de Flash Gordon en el que los Hombres de Arcilla salían de las paredes de las cuevas, porque estaban hechos del mismo material? ¿Sí? Pues a lo mejor esas cosas son hombres prehistóricos que en cualquier momento pueden salir, como un ejército...' [Solución militarizable, ahora que se nos viene Chile por el diferendo marítimo]
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e) Historia escuchada a un amigo, frisando los seis, en corrillo en la chacra de su padre: 'Mi papá tiene unos largavistas buenazos. Me dijo que la vez pasada que se iba a Lima, usó sus largavistas para mirar al cielo ¡y justo vio cuando pasaba una bruja volando en su escoba!...' [Me dio miedo cuando lo escuché, pero la vida tomó venganza por su cuenta y riesgo: el autor está encausado por violín con menor de edad y se juega una cadena perpetua... ¡santas brujas, Batman!]
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f) Igualmente, alrededor de los cinco o seis, cuando los Mustangs '67 hacían furor en las pistas, urbi et orbi. El padre de uno de mis compañeros de clase, favorecido por ignota divinidad, tuvo en suerte adquirir uno; este chico contaba que cuando regresaban desde Lima, él quiso echar por la ventana una hoja de papel, por lo que el padre lo reprendió: '¡Alfonso, no hagas eso! ¿No ves que estamos yendo a doscientos por hora? ¡A esta velocidad si esa hoja te da al través, sería capaz de cercenarte completamente la mano!...' [El padre de este amigo aún vive y todavía es recordado por andar con siempre novedosos gadgets]
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g) La consabida historia de nuestro queridísimo y siempre genial Duccio no la escuché yo de primera mano, pero fue repetida hasta el cansancio por cuanto chinchano de mi generación la escuchó en esos años de chiquititud. Decía Duccio que una vez, rodando con su camioneta por la Bajada de La Perla, sintió que una de sus ruedas había perdido por completo los pernos y que se salía del eje; lo que sí, realmente se preocupó de la estabilidad de su vehículo a la velocidad que llevaba cuando vio que la rueda lo iba adelantando en la bajada por varios cuerpos. Fiel a su estilo certero y con los nervios a todo temple, Duccio cuenta que calculó la trayectoria de la rodante que ya se el iba y, con el carro sostenido acrobáticamente en las otras tres ruedas, condujo temerariamente por tensos y escalofriantes segundos hasta que pudo por fin embocar nuevamente la rueda en su lugar hasta finalmente detenerse, incólume, llegando a la entrada a Las Totoras. [El tiempo demostró que las proezas de Duccio han sido espléndidamente más grandes que esa minucia saltimbanqui y automotriz: el recuento de algunas de ellas acaso insuma varios tomos del ancho de la guía telefónica de Ciudad de México, villa en la que alguna vez Duccio tuvo ocasión de visitar y conocer al mismo, ¡oe!, Blue Demon en persona, quien le retó a amical y risueño infighting de tres rounds en la propísima Arena México, encuentro del que salió previsible vencedor por puntos, como no pudo ser de otra manera]
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h) Ésta es la final y ocurrió en alguna tarde de verano, cuando Alfredo y yo fuimos a visitar a los Herrera, quienes estudiaban en los mismos grados que nosotros. El hermano mayor (que resultara ser luego íntimo amigo de mi cumpa, Goldinho), asiduo estudioso de historia, astronomía y demás ciencias que moran en las enciclopedias, exhibió con profusión de pruebas las razones por las que él afirmaba que la Tierra, durante los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial y como consecuencia de la gran cantidad de residuos metálicos producida por la hecatombe, ¡tuvo anillos como los de Saturno!. El número -decía- fue indeterminado entre cuatro y cinco, pero que los tuvo, sí, los tuvo. 'Afortunadamente -añadió- el tiempo se ha encargado de borrarlos, porque sino ¡imagínense!, ¡los problemas que tendrían las naves espaciales para poder salir de nuestra atmósfera!' [Digo... ¿no habrá sido que el Apolo XIII en realidad rozó con parte de alguno de los anillos aún sin disolver, acarreando toda esa odisea espacial llevada al cine y que tenía como navegante al propio Forrest Gump?]
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Seguramente todas las mencionadas ni tuvieron aviesa intención ni mayor consecuencia que haberme marcado risueñamente la vida. En todo caso, no fueron tan malintencionadas como las así llamadas 'Sorpresas' (cajitas mal empacadas de rojo cartón basto) y que traían por regla general una peliculina (chambona mutilación de una película de cine), una figurita y a veces un soldadito de plástico, las que mis hermanos y yo adquiríamos al exorbitante precio de un Sol en la carreta de golosinas que se ponía en la esquina de la calle Callao. A ese precio, no sólo mentira era: ¡tremenda estafa, carajo!